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Algunos pensarán que Manolín Bueno, como se le conoció futbolísticamente, fue el jugador que peor suerte tuvo vistiendo la camiseta del Real Madrid; otros, por el contrario, serán de la opinión que bastante suerte tuvo como futbolista al vestir la camiseta del Real Madrid, y estar en la plantilla con futbolistas de la talla de Di Stéfano, Puskas, Rial, Santamaría, Pachín, Amancio y, sobre todo, Gento, el hombre que le tapó su progresión en el fútbol, aunque el montañés no hiciese otra cosa que la que sabía, jugar al fútbol, hasta ser considerado el mejor extremo izquierdo del mundo. El caso es que entre el espectacular juego de Gento, y que “no cogía ni un triste constipado”, como señala el propio Manolín Bueno, entre grandes carcajadas, el bueno de Bueno se vio condenado a la eterna suplencia. Una situación que él supo sobrellevar con gallardía y con la elegancia que da el estar en un Club como el Real Madrid.
De la
“Tacita de Plata” a la Copa de Europa Pero no se crean ustedes que Bueno no jugó ni un solo partido con el Madrid, ni mucho menos. En los doce años en lo que estuvo en nuestro Club, jugó un total de 243 partidos defendiendo la camiseta blanca, una buena marca si no fuese porque más de la mitad fueron partidos amistosos, ya fueran nacionales o internacionales. Cabe señalar que cuentan los más eruditos que el Real Madrid institucionalizó los “partidos de los jueves”, amistosos que se jugaban ese día de la semana, bien contra equipos españoles o extranjeros, por el hecho de que “jugase Manolín Bueno”. Puede ser que haya algo o mucho de cierto en eso, pero lo que sí es seguro es que aquellos partidos nos permitieron conocer al “otro Madrid”, al equipo B, a los jugadores “tapados” por los Puskas, Gento, Di Stéfano, Santamaría, Amancio..., pero antes, Bueno tuvo su mejor escaparate en la “Tacita de Plata”.
Qué mejor escuela para Manolín Bueno, que el
propio Estadio del Cádiz, donde vivía y convivía con todas las figuras que por
el equipo amarillo pasaron. Allí, a todas las horas, respiraba fútbol, y fútbol
del bueno, con arte hasta decir basta. No es de extrañar, por tanto, que juntos
los genes y los deseos de emular a los Mirandilla, Rubio, Fernández, Roldán… El
caso es que el joven Manolín comienza a jugar “en serio” con 13 años; antes
había jugado algunos partidos en los juveniles del Cádiz. De ahí pasó a al
Balón C. De F., desde donde pegó el salto al primer equipo gaditano. Nueve
meses de escaparate con los amarillos le valieron para que el Real Madrid se
fijase en él.
Ocho veces campeón de Liga Manolín Bueno llegó al Madrid en el mes de junio de 1959. En aquella temporada hubo una gran renovación en la plantilla madridista, comenzando por el técnico (Carniglia deja su puesto a Fleitas Solich), y siguiendo por una buena parte de los jugadores: se van Joseíto, Pereda, Segurola… y llegan hombres de fama, como los brasileños y Canario, un extremo diestro de gran calidad, y Walter Pereira “Didí”, de quien se habían hecho grandes elogios en el Mundial de Suecia. A esas dos estrellas “canarinhas” se unen el húngaro Kaszas, procedente del Español, el delantero sevillista Pepillo, el defensa de Osasuna Pachín, otro defensa, este canario, Pantaleón; un medio del Murcia, Vidal, se repescó a Casado, del Plus Ultra, y llegó, procedente del Cádiz, Manolín Bueno, un fino extremo izquierda con ansias de comerse el mundo.
La primera campaña de Bueno en el Madrid es un tanto desilusionante respecto al número de partidos que juega, pero muy fructífera en cuanto a títulos se refiere, con una Copa de Europa y una Intercontinental para abrir su palmarés madridista. Bueno juega 8 partidos oficiales, en los que consigue 3 goles, distribuidos de la siguiente manera: 3 de Liga, un gol; 4 de Copa, dos goles, y 1 de la Intercontinental, cero goles.
El propio Manolín Bueno evoca aquellos tiempos cuatro décadas después. “Yo. Como todo jugador profesional, quería jugar, pero no me podía ir del Real Madrid porque existía una ley “el derecho de retención” con la que el Club te tenía atado de por vida. Además, yo tuve la desgracia de encontrarme con el mejor extremo izquierdo del mundo.
Manolín Bueno fue consumiendo temporadas y amasando títulos. Su palmarés engrosaba de tal manera que sería la envidia de cualquier jugador que no militase en el Real Madrid. No hubo año, en los doce que estuvo en el equipo, que no sumase un título de Liga, Copa, Copa de Europa o Intercontinental, a su currículo, e incluso algunos los hizo por partida doble.
“La temporada de los “Ye-yés” fue impresionante,
comenta Bueno, porque se ganó una Copa de Europa con todos los jugadores del
país. Estaba cantado. Un día vino desde Bilbao un amigo de don Santiago
Bernabéu y estando en el vestuario le dijo: ‘Lo único que té falta es ganar
la Copa de Europa con todos los jugadores españoles en el equipo’. Y
acertó, aunque se comenzó perdiendo la final. Luego, al acabar el partido
aquello era una locura, tanto de los que habían jugado como de los que habíamos
estado en las gradas”, señala este mito madridista. Una bien ganada fama adquirieron los “partidos de los jueves”, llamados así por jugarse en ese día concreto de la semana y con los que el Real Madrid pretendía conseguir dos objetivos. Por un lado que la afición conociese, deportivamente hablando, a los jugadores reservas o que menos actuaban con el primer equipo, y por otro, venían a ser algo así como los “partidillos” que habitualmente realizan en el entrenamiento los equipos de fútbol.
En definitiva hubo quien señaló, y así está
escrito, que el Club institucionalizó estos amistosos para “jugase Manolín
Bueno”. Puede ser que haya algo o mucho de cierto en eso, aquellos partidos nos
permitieron conocer al “otro Madrid”, al equipo B, a los jugadores “tapados”
por los Puskas, Gento, Di Stéfano, Santamaría, Amancio, como fueron el propio
Manolín Bueno, Miche, Serena, Casado, etcétera. Para nuestro protagonista
aquellos partidos tuvieron una gran aceptación entre los aficionados, pero se
quitaron porque “como metíamos tantos goles, ganábamos muchas primas”, y eso no
gustó a algunos de los titulares.
Si en el Real Madrid lo tuvo “crudo” para jugar, en la selección se le presentó el mismo problema corregido y aumentado, pues a la sempiterna presencia de Gento había que añadir la de Enrique Collar, extremo izquierdo, también sevillano, que defendía los colores del Atlético de Madrid. Collar era otro dechado de virtudes con la zurda, muy parecido a Gento, quizá con menos velocidad, pero más toque. Hoy diríamos, que Collar y Bueno eran producto de una "clonación".Por todo lo anterior no es de extrañar que, teniendo en cuenta la frecuencia de juego de la –mucho menos que hoy día-, y de la competencia que tenía con Gento y Collar, Bueno sólo tenga en su palmarés tres presencias con la selección española, una con la llamada “Promesas”, y dos con la B. A punto estuvo de debutar con la A, pero una lesión de adductores producida el día anterior al choque, le privó de ello.
Vuelta a los orígenes
Tras la salida del Madrid, Bueno recibió una
oferta del Sevilla, equipo de la tierra que le vio nacer, que en cierto modo le
ponía en la órbita del fútbol, al permitirle jugar domingo tras domingo en la
máxima categoría del fútbol español. El comienzo no pudo ser mejor. El Sevilla
se puso líder en las primeras jornadas, pero poco a poco el equipo fue
perdiendo gas y a la postre terminó bajando de categoría. Estuvo jugando dos años en el Balón, ayudando y divirtiéndose con el fútbol más modesto, hasta que una llamada de Enrique Mateos, su compañero en el Real Madrid, le llevó al Cádiz como su ayudante en la dirección del equipo. Estas dos campañas en el equipo, subiendo al equipo amarillo a la División de Honor en la primera campaña. Tras otra campaña, Manolín Bueno se aleja del fútbol de élite, dejando un recuerdo imborrable entre los que tuvieron la suerte de contemplar su arte con el balón en los pies. Historial y palmarés
Nombre: Manuel
Bueno Cabral
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