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Diecinueve años en el Real Madrid, y
11 de ellos en la élite del fútbol mundial, le dan derecho a ocupar
una parcela en la historia de nuestro Club. Discutido por unos
pocos, alabado por la mayoría, Míchel vivió el fútbol y su
madridismo con una enorme intensidad, y eso que cuando llegó al Real
Madrid, recién cumplidos 13 años, por su mente no pasaba otro
pensamiento que el de divertirse jugando al fútbol. Sin embargo, sus
grandes cualidades futbolísticas, su elegancia en el juego y su
mágico toque de balón le fueron impulsando a lo más alto de la élite
mundial hasta convertirse en santo y seña de gran parte del
madridismo, con un historial jalonado de éxitos. El fútbol en los genes José Miguel González Martín del Campo, “Míchel”, nació el 23 de marzo de 1963, en Madrid. Era el tercer hijo –tras María José y María Dolores- del matrimonio compuesto por doña Pepita Martín del Campo y don Miguel González. El padre, apodado “El manzana”, linotipista de la empresa Hauser y Menet, deseaba, fervientemente, un vástago que siguiese la tradición futbolística familiar. Y en eso llegó Míchel que, a la postre, cumplió en abundancia sus sueños.
Con 12 años recibe sus primeras ofertas importantes. Una del Rayo Vallecano y otra del Atlético de Madrid. Pero es aquí cuando don Miguel, su padre, “descubre” la “perla” que tiene en casa. Padre e hijo comentan el asunto y rechazan ambas ofertas, a pesar de que el cabeza de familia era seguidor rojiblanco y, además, había jugado en dicho club. Pero ambos valoraron la forma en la que trabajaban las canteras los equipos de Madrid y decidieron ofrecerse al Real Madrid, donde estaba de coordinador de las categorías inferiores Basilio del Pozo, quien años atrás había sido entrenador del padre de Míchel en el Aranjuez. Cuando en el Madrid le probaron, quedaron perplejos y maravillados ante las cualidades del joven.
Míchel ficha por el Real Madrid el 1
de octubre de 1976. Su primer equipo será el infantil B, que dirigía
Arjona. Allí comenzó jugando de interior zurdo. Rafa López, un
técnico de la casa, lo describe: “Había nacido para esto. Jugaba con
el 10, como interior zurdo –manejaba las dos piernas- y era casi
imposible corregirle”. Míchel coincide con Pepe Mel, con quien crea
una “sociedad ofensiva”. El ariete se hinchó a marcar goles
aprovechando los servicios medidos de su capitán. En aquel equipo
jugaba también Carlos Luengo, a quien siempre acompañaba su hermana
Merceditas. Allí conoció Míchel a la mujer que, años más tarde, se
convertiría en su esposa.
En 1979 da el salto al Juvenil A, el
equipo filial más importante de la casa. Allí, con el recientemente
desaparecido Ramón Moreno Grosso como entrenador, comienza a ser
convocado para la Selección Juvenil y para la Sub-18, con la que
triunfa en el Trofeo Príncipe Alberto de Mónaco, donde le proclaman
como “El Mejor Talento Europeo”. Por entonces, Míchel es ya un
jugador reconocido, de extraordinaria complexión atlética y de una
calidad técnica contrastada. En 1981, en su último partido como
juvenil, se impone en la final del Campeonato de España –de los dos
que conquistó de forma consecutiva- venciendo al Athletic de Bilbao
de los hermanos Salinas, marcando aquel histórico gol fantasma, que
supondría, además del entorchado, 10.000 pesetas de prima, un
dineral si lo comparamos con las 750 pesetas que conseguía entonces
por partido ganado. En la campaña 1981-82 da el salto al mejor equipo filial que haya tenido el Madrid en todos los tiempos: el Castilla entrenado por Amancio Amaro, que reunió a una sensacional generación de futbolistas marcados por la calidad y el talento, y que tuvo su mejor escaparate en la bautizada “Quinta del Buitre”. Con Butragueño, jugador que da nombre a la “Quinta”, formó una de las “sociedades” más espectaculares del fútbol moderno.
La temporada 83-84 será, sin duda, la más dura de su carrera deportiva. Era su tercer año consecutivo en el equipo, y sus ex compañeros triunfaban en la primera plantilla. Pensó que no le interesaba al club, que sus días de blanco estaban contados. Y le angustiaba esa idea. Nada más lejos de la realidad. Su destino estaba en el primer equipo, pero antes quiso despedirse por la puerta grande, y catapultó al equipo hasta conseguir la mejor clasificación de toda su historia, el Campeonato de Liga de Segunda División. Tras este éxito recibe una suculenta oferta del Málaga que, por supuesto, es rechazada. El primer equipo le reclama.
No nos equivocamos al afirmar que Míchel es el hombre más feliz de la tierra cuando en el verano de 1984. El jugador se encuentra, por fin, entre sus admirados veteranos: Juanito, Santillana…, y Gallego, quien ejercerá de puente entre el joven jugador y el resto de los componentes de la plantilla que, por aquél entonces, se encuentran en la estación invernal de Cabeza de Manzaneda (Ourense), en plena pretemporada.
Míchel debuta con el Real Madrid en un partido jugado en el Estadio
Bernabéu ante el Barcelona, y lo hace con el número 7 a la espalda,
un número que odia llevar encima, pero a pesar de ello guarda
aquella camiseta como oro en paño. Lo cierto es que el jugador a
llevado todos los dorsales del 1 al 11, salvo el 3 y el 9, llegando
incluso a jugar en una ocasión de portero. Su número favorito, claro
está, es el número 8. Hoy, cuando actúa con el equipo de veteranos
del Real Madrid, con la misma figura que antaño, sin un gramo de
grasa y como si el tiempo se hubiese detenido, sigue portando el
“ocho” a la espalda.
En su primer temporada juega 26 partidos, casi todos por la banda izquierda, consiguiendo dos goles. Sus primeros triunfos internacionales llegan en la Copa de la UEFA, donde participa activamente en las legendarias remontadas del Bernabéu. En este apartado, Míchel recuerda con cariño dos partidos: el jugado ante el Inter, donde marcaría el tanto de la victoria en la prórroga, y el 0-3 ante el Videoton de Hungría, en la final. Cinco Ligas consecutivas La trayectoria de Míchel en el primer equipo es ampliamente conocida por todos los madridistas. Con la llegada de Gordillo, Buyo, Hugo y Maceda, con los veteranos Gallego, Santillana, Juanito, etcétera, y con la incipiente “Quinta del Buitre”, el Madrid arma un conjunto campeón, uno de los más completos que ha conocido en sus cien años de historia. Los títulos ligueros se suceden, hasta conseguir cinco de forma consecutiva, pero sin el refrendo internacional en la Copa de Europa, que se escapa una y otra vez de las manos, sobre todo en la triste noche de Eindhoven (“el día más triste de mi carrera deportiva. Merecimos ganar y llegar a la final, que hubiéramos ganado, seguro”), señaló más de una vez el jugador.
Míchel recibió más críticas en el ámbito personal que deportivo, pero pocos saben que Míchel era una persona tímida, humilde, sencilla, muy espontáneo, al que no le importaba pedir perdón si consideraba que se había equivocado, y lo hacía con una naturalidad pasmosa. Pocos conocieron al Míchel al que siempre le preocuparon los demás, de sus ayudas a quien fuese, ya fuera la señora de la limpieza o un jardinero, aquí no había distinciones. Míchel se pasó la vida asistiendo y participando en actos benéficos de los que muy pocos se enteraron. Y es que tuvo, y tiene, un corazón de oro.
Con Valdano como entrenador, Míchel realiza una magnífica labor durante la campaña, que será la última que vista la camiseta madridista, en las contadas ocasiones en que e alineado de salida o salta al terreno de juego en las segundas partes. Ante la dimisión del presidente Ramón Mendoza, rechaza la renovación que se le ofrece para no obstaculizar las decisiones del nuevo presidente. Las ofertas de grandes clubes españoles e italianos por hacerse con sus servicios fueron incesantes, pero Míchel tenía claro que si volvía a ponerse la camiseta de jugador sería lejos, muy lejos de su queridísimo Real Madrid, porque así lo pedía su gran madridismo, pero eso es historia para otro capítulo.
Míchel desestima ofertas de varios equipos, concretamente Atlético de Madrid y Universidad Católica de Chile apuestan fuertemente por la contratación del mejor asistente del fútbol español. Guiado por el corazón, ese gran corazón de madridista que siempre estuvo al servicio del Club en múltiples facetas, encamina sus pasos hacía América, y más concretamente hacía México, donde se encuentra en loor de multitudes su gran amigo Emilio Butragueño. En la ciudad de Celaya se encuentra los dos jugadores más carismáticos de la “Quinta del Buitre”, unidos para enseñar lo mejor de su fútbol. Durante una los aficionados de la Liga mexicana ven las más técnicas galopadas por la banda derecha, los centros más increíbles desde la línea de fondo, las paredes más increíbles y los goles más bonitos. Todas estas variantes las pone en práctica un Míchel pletórico y deseoso de reivindicar su fútbol y el fútbol español allí por donde pasa. El paso de Míchel por el fútbol mexicano es recordado con afecto y agrado por aquella fiel hinchada. El 26 de abril de 1997, Míchel juega su último partido con el Celaya, a la vez que Hugo Sánchez lo hacía con Los Pumas. Ambos se retiran del fútbol en el estadio Miguel Alemán Valdez de Celaya.
Si sumamos todas las categorías, Míchel fue un centenar de veces
internacional, logrando un merecido Subcampeonato del Europa de
Selecciones Sub-21. Míchel debutó con la Selección absoluta en 1985,
ante Austria, en Zaragoza, y fue titular indiscutible durante los 66
partidos siguientes (sólo se perdió un amistoso por lesión), hasta
que el entonces seleccionador, Javier Clemente, dejó de contar con
él. Su ausencia
Con todo, Míchel destacó por ser uno de los máximos realizadores del combinado español, sin olvidar las asistencias de gol que prodigó con generosidad. Aún hoy, 17 años después de no vestir la camiseta nacional, Míchel ocupa la sexta plaza en la relación de goleadores de todos los tiempos, con 21 tantos marcados, por detrás de Salinas (22), Di Stéfano (23), Raúl y Butragueño (26) y Hierro (28). Míchel estuvo presente en dos mundiales. En México marca un golazo a Brasil que es anulado injustamente, y se convierte, junto al Buitre, en uno de los mejores jugadores del Campeonato. En Italia conseguirá su mejor registro personal ante Corea, donde consigue marcar tres tantos. Míchel contrajo matrimonio con Merche Luengo, con la que tiene dos hijos, Adrián y Álvaro, que siguen los pasos de su padre. “Cuando veo a Adrián –comentan los abuelos Pepita y Miguel- siento escalofríos porque me parece estar viendo a Míchel cuando tenía su edad. Son idénticos, siente la misma obsesión por el fútbol”. Tras su retirada del fútbol, Míchel encaminó sus pasos por la senda de la comunicación, poniendo su sabiduría futbolística al servicio de los lectores del diario “Marca” y de los de Televisión Española, hasta el año 2004, cuando el presidente Florentino Pérez le ofrece el cargo de Director Deportivo Adjunto.
Nombre: José Miguel González Martín del Campo
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